Page 221 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
P. 221

mundo  había  perdido  y  en  torno  a  él  se  congregó  un

         número de personas a las que hizo partícipes de su ciencia

         y su sabiduría. Debió haber tenido una personalidad muy


         fuerte  y  Alvin  pudo  comprender  la  fuerza  de  ese

         magnetismo que hizo que tanta gente acudiera a él. Desde

         las  ciudades  agonizantes  los  hombres  llegaron  a  Lys  a


         millares  buscando  la  paz  y  la  tranquilidad  de  mente

         después de tantos años de confusión. Allí, entre los bosques

         y  las  montañas,  escuchando  la  voz  del  Maestro,  por  fin

         podían encontrar la paz tan ansiada.


                Al fin ya de su larga vida, el Maestro les pidió a sus

         amigos que lo llevaran a campo abierto para que pudiera

         contemplar  las  estrellas.  Había  esperado,  mientras  sus

         fuerzas se desvanecían, a la culminación de los Siete Soles.


         En  el  momento  de  morir,  la  resolución  con  que  había

         guardado el secreto de su origen pareció flaquear y reveló

         muchas cosas con las que se escribieron incontables libros


         en edades futuras. Una y otra vez, el moribundo se refirió

         a «Los Grandes» que habían abandonado el mundo pero

         que, con toda certeza, regresarían un día. Y encargó a sus

         seguidores  y  discípulos  que  estuvieran  dispuestos  a


         saludarlos  y  darles  la  bienvenida  cuando  decidieran

         volver.  Ésas  fueron  sus  últimas  palabras  racionales.

         Después de haberlas pronunciado ya no fue consciente de

         dónde se hallaba y de quiénes lo rodeaban; pero de nuevo,


         poco antes de producirse el fin, murmuró una frase que




                                                                                                          220
   216   217   218   219   220   221   222   223   224   225   226