Page 219 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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anterior actitud del anciano debió ser una pose falsa
motivada por un deseo de impresionar a los recién
llegados.
Después de unos minutos de conversación se hizo de
nuevo el silencio. Los dos muchachos esperaron con toda
la paciencia de que eran capaces. El anciano les había hecho
muchas preguntas pero, en contraste, no les había contado
nada de sí mismo ni les había explicado qué era lo que
estaba haciendo en Shalmirane. La señal luminosa emitida
por el anciano y que les había conducido hasta allí
continuaba siendo un misterio tan grande como antes. Sin
embargo, no se atrevieron a hacer una pregunta directa, a
pedir una explicación.
Así, siguieron durante unos momentos en un
incómodo silencio. Sus ojos curiosos y sorprendidos
recorrieron la habitación encontrando a cada momento
algo nuevo e inesperado. Por fin, Alvin se atrevió a
interrumpir los ensueños del anciano.
—¡Tenemos que marcharnos pronto! —observó.
Más que una afirmación fue una insinuación. La
arrugada faz del hombre de Shalmirane se volvió hacia él,
pero los ojos seguían muy lejos de allí. Casi de inmediato,
la voz vieja e infinitamente cansada comenzó a hablar. Era
una voz tan suave y baja que en un principio apenas si
podían oírla. El anciano pareció darse cuenta de su
dificultad pues, de repente, las tres máquinas comenzaron
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