Page 267 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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sentimientos que había experimentado en Lys, cuando
Seranis le presentó su ultimátum, habían vuelto a él con
redoblada fuerza. Había ganado la prueba y el sabor del
poder seguía siendo dulce en sus labios.
En esa ocasión no disponía de ningún robot que
pudiera ayudarle y no sabía cuál sería el resultado de su
atrevimiento, pero ya no sentía el menor temor de esos
estúpidos viejos que se creían y se llamaban a sí mismos los
gobernantes de Diaspar. Había visto a los verdaderos
gobernantes de la ciudad y había hablado con ellos en el
profundo silencio de su mundo brillante y subterráneo.
Así, dominado por su furia y su arrogancia, Alvin se
despojó del disfraz de humildad e inocencia y los
Consejeros trataron de encontrar inútilmente de nuevo al
muchacho cortés y comedido que sólo unos minutos antes
había hablado con ellos tan respetuosamente.
—¿Por qué quieren ustedes cerrar el camino a Lys?
Se hizo un profundo silencio en la Cámara del Consejo,
pero los labios de Jeserac se contrajeron en una sonrisa
disimulada y breve. Ese Alvin resultaba nuevo para él,
pero menos extraño y lejano que el otro, el que había
hablado unos momentos antes.
En un principio, el Presidente pareció ignorar el
desafío a su autoridad que implicaba la rotunda pregunta
de Alvin. En realidad no lograba aceptar la idea de que se
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