Page 264 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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eligiendo cuidadosamente las palabras— que has actuado
movido por los mejores motivos. Sin embargo, con tu
conducta has creado una situación que resulta difícil para
nosotros. ¿Estás seguro de que tu descubrimiento ha sido
accidental y que nadie te ha, digamos, inducido o
influenciado en ningún sentido?
El Presidente miró preocupado a Rorden.
Por última vez Alvin recurrió a la rapidez astuta de su
mente.
—No lo diría yo así —dijo después de aparentar que
reflexionaba considerablemente la respuesta. Se produjo
un rápido movimiento de inquietud e interés en los
miembros del Consejo y también Rorden se sintió inquieto
y tembló en su silla. Alvin dedicó a la audiencia una sonrisa
que parecía encerrar todo el candor del mundo y añadió,
seguidamente, en una voz que parecía totalmente inocente:
—¡Estoy seguro de que mucho de mi interés se lo debo
a mi mentor!
Ante este reconocimiento tan singular y peligroso, pero
expresado por él en tono de la mayor gratitud y
reconocimiento, todos los ojos se volvieron hacia Jeserac,
que se ruborizó y fue a comenzar a hablar, pero lo pensó
mejor y decidió guardar silencio. Éste se prolongó hasta
que el Presidente volvió a tomar la palabra.
—¡Muchas gracias! —dijo—. Deberás esperar aquí
hasta que lleguemos a una conclusión.
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