Page 263 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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creer que eso les había traído felicidad.
Así, cuando a petición del Presidente, Alvin comenzó
a relatarle su viaje a Lys, lo hizo como si no fuese más que
un muchacho que, por casualidad, había hecho un
descubrimiento que creía de poca importancia, pero que
ellos, con su mayor sabiduría, consideraban de manera
distinta. No había en el relato de Alvin nada que pudiera
hacer pensar que había actuado movido por un propósito
determinado, profundo y grave. Sólo la curiosidad, una
curiosidad natural, le había llevado a salir de Diaspar. Eso
podía haberle ocurrido a cualquiera, aunque, sin embargo,
el muchacho contribuyó con sus palabras a crear la
impresión de que esperaba un poco de alabanza por su
listeza. No se refirió en lo más mínimo a Shalmirane ni a
sus robots.
Había sido una buena representación teatral, aunque
sólo Alvin estaba en condiciones de poderla apreciar en
todo lo que valía. El Consejo, en conjunto, pareció
favorablemente impresionado, pero en la expresión de
Jeserac se reflejaba la lucha interna que en él se desarrollaba
entre el alivio y la incredulidad. En cuanto a Rorden, Alvin
ni siquiera se atrevió a mirarlo.
Cuando Alvin terminó su declaración hubo un breve
silencio, durante el cual el Consejo pareció deliberar. Poco
después el Presidente volvió a tomar la palabra.
—Apreciamos plenamente —dijo con voz solemne
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