Page 262 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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justicia a su amigo, pues si ciertamente el valor no había
sido nunca una de sus cualidades más destacadas, en esos
momentos su preocupación se refería más a su puesto que
a su propia persona. Nunca en toda la historia de Diaspar,
un Archivero Mayor había sido depuesto de su cargo.
Rorden no quería, en modo alguno, ser el primero en crear
semejante precedente.
A los pocos minutos de haber entrado en la Cámara del
Consejo, los planes originales de Alvin sufrieron un cambio
notable. El discurso que había preparado tan
cuidadosamente estaba olvidado; las rebuscadas frases que
había elegido fueron descartadas a disgusto. En su apoyo
había llegado su más traidor aliado, ese sentido del ridículo
que siempre hizo que resultara imposible para él tomarse
en serio las más solemnes ocasiones. El Consejo podía
reunirse quizá una vez en mil años, podía controlar los
destinos de Diaspar… pero sus Consejeros, aquéllos que se
sentaban en torno a la mesa de deliberaciones, no eran más
que un grupo de hombres viejos y cansados. Alvin conocía
muy bien a Jeserac y no creía que los otros fuesen muy
distintos a él. Sintió una piedad desconcertante hacia ellos,
una piedad que tenía mucho de menosprecio y de repente
recordó las palabras de Seranis en Lys: «Hace muchos años,
nosotros sacrificamos nuestra inmortalidad, pero Diaspar
aún sigue fiel a ese falso sueño». Sí, realmente, esos
hombres habían seguido fieles a ese sueño y él no podía
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