Page 270 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Presidente, que aún no había salido de su asombro.
—¿Tengo su permiso para marcharme?
Nadie pronunció una palabra, pero la ligera inclinación
de cabeza del Presidente le devolvió su tranquilidad
perdida parcialmente por unos brevísimos instantes. La
gran puerta se abrió ante él y no fue hasta mucho tiempo
después de que de nuevo volviera a cerrarse, cuando la
tormenta estalló en el interior de la Cámara del Consejo.
El Presidente esperó hasta que los ánimos se hubieron
serenado un poco. Seguidamente se volvió hacia el anciano
Jeserac, el mentor de Alvin.
—Me parece —dijo— que en primer lugar lo que
debemos hacer es escuchar las explicaciones que esté en
condiciones de darnos.
Jeserac consideró minuciosamente las palabras del
Presidente del Consejo tratando de ver si en ellas podía
existir alguna trampa peligrosa para él. Luego se decidió a
contestar.
—Creo que Diaspar está a punto de perder uno de sus
más destacados cerebros.
El Presidente pareció no entender lo que el anciano
insinuaba.
—¿Qué es lo que quiere usted decir?
—¿No es obvio? Ahora el joven Alvin estará a medio
camino ya de la tumba de Yarlan Zey. No, no creo que
debamos interferir. Sentiré mucho perder a ese muchacho
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