Page 265 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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Rorden soltó un suspiro de alivio claramente audible y
éste fue el último sonido que Alvin oyó en algún tiempo.
Una capa de silencio cayó sobre él y aunque podía ver al
Consejo discutir con calor, no llegaba a él ni una sola de las
palabras de su deliberación. Al principio resultaba
divertido ver gesticular y mover los labios a todos aquellos
personajes sin que se oyera el menor sonido, pero al cabo
de observarlos un rato Alvin se aburrió de ello, así que se
sintió dichoso cuando le devolvieron su sentido del oído y
pudo escucharlos de nuevo.
—Hemos llegado a una conclusión —dijo por fin el
Presidente—: Que se ha producido un hecho desgraciado
del que realmente nadie puede ser considerado
responsable… aunque por otra parte pensamos que el
Archivero Mayor debiera habernos avisado de lo ocurrido
con mayor rapidez. Debemos considerar además que quizá
resulte provechoso que haya sido hecho este peligroso
descubrimiento, pues ahora estamos en condiciones de
poder tomar las medidas oportunas para evitar que vuelva
a repetirse. Ya nos ocuparemos del sistema de transporte
que has descubierto. En cuanto a usted —el Presidente se
volvió para dirigirse a Rorden— debe ocuparse de que
todas las referencias a Lys sean borradas de los registros de
sus archivos.
Hubo un murmullo de aprobación y una expresión de
satisfacción se extendió por los rostros de los Consejeros.
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