Page 275 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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inteligentes y saben mucho menos de lo que yo había
supuesto. Pero he descubierto el secreto del Maestro.
Hizo una pausa y seguidamente señaló en dirección
adonde se encontraba el casi invisible robot.
—¡Mire! —le dijo a su amigo.
La brillante mancha se alzó sobre el desierto y se quedó
parada como a unos doscientos o trescientos metros del
suelo. Al principio, como no sabía qué esperar, Rorden no
pudo apreciar cambio alguno. Después, sin atreverse
apenas a creer a sus ojos, vio como una nube de polvo se
levantaba en el desierto.
No hay nada más terrible que un movimiento cuando
no puede esperarse que se produzca movimiento alguno;
pero en esos momentos, Rorden estaba ya por encima de
toda capacidad de sorpresa o miedo cuando vio que las
grandes dunas arenosas comenzaban a deslizarse, a
abrirse. Por debajo del desierto algo se estaba moviendo
con las fuerzas de un gigante que se despertara de su sueño
y se sacudiera las arenas que, jugando, unos amigos
hubieran echado sobre su cuerpo poderoso. A los oídos de
Rorden llegó el terrible ruido de la tierra al desgarrarse
como impulsada por una fuerza irresistible. Después, de
repente, un gran geyser de arena y piedras se alzo a cientos
de metros en el aire y el suelo quedó nublado por el polvo,
fuera del alcance de la vista.
Lentamente, el polvo arenoso comenzó a sentarse de
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