Page 273 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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No se veía rastro alguno de Alvin, pero cuando lo llamó, la

         voz del chico respondió de inmediato.

                —Estoy en el parapeto, venga aquí. Puede salir por la


         abertura central.

                Rorden vaciló. Había muchas otras cosas que él haría

         con mayor gusto. Pero un momento después estaba de pie,


         junto a Alvin, de espaldas a la ciudad y con la inmensidad

         del desierto extendiéndose sin fin ante ellos.

                Se miraron en silencio durante un rato. Seguidamente,

         Alvin habló con tono contrito.


                —Espero no haberle causado problemas.

                Rorden  se  sintió  conmovido  y  muchos  de  los

         justificados y verdaderos reproches que estaban a punto de

         salir de sus labios se ahogaron en ellos. Así, en vez de ello,


         replicó:

                —El Consejo estaba demasiado ocupado discutiendo

         entre  sí  como  para  preocuparse  de  mí…  —vaciló  un


         momento y  después continuó—: Jeserac  estaba haciendo

         una estupenda defensa cuando salí de allí. Temo haberme

         equivocado al juzgarlo.

                —También lo siento mucho por Jeserac.


                —Sí, es posible que hayas empleado un sucio truco con

         el  pobre  anciano,  pero  tengo  la  impresión  que  más  que

         enojarse se estaba divirtiendo con ello. Al fin y al cabo no

         dejaba de haber mucho de verdad en tus observaciones. Él


         fue la primera persona en hacerte conocer los secretos de




                                                                                                          272
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