Page 335 - El Leon De Comarre/ A la caida de la noche - Arthur C. Clarke
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podían ser los límites, o la falta de límites, de ese nuevo
horizonte que se abría a la raza humana.
Calitrax, el jefe de los historiadores de Lys, lo recibió
en el pequeño desembarcadero. Era un hombre alto,
ligeramente encorvado, y Rorden se preguntó cómo era
posible que, sin la ayuda de su máquina, del Maestro
Asociador, hubiera logrado aprender tantas cosas en una
vida tan corta. No se le ocurrió pensar que la ausencia de
tales aparatos era precisamente la razón de la gran
memoria que había hallado en los hombres de Grevarn.
Caminaron juntos a orillas de los numerosos e
intrincados canales que hacían la vida en la ciudad tan
azarosa para los forasteros. Calitrax parecía un poco
preocupado y Rorden comprendió que una parte de su
mente seguía todavía ocupada con los pensamientos de
Vanamonde.
—¿Ha puesto ya en marcha su proceso de fijación de
fechas? —le preguntó Rorden que se consideró un tanto
olvidado y menospreciado.
Calitrax recordó sus deberes de anfitrión y rompió el
contacto mental con Vanamonde con claro disgusto.
—Sí —le explicó—. Debe tratarse de un método
astronómico. Estamos convencidos de que las fechas que
nos da Vanamonde son justas con un margen máximo de
error de diez mil años incluso en los tiempos de la Era del
Alborear. Creo que podríamos afinar más ese margen de
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