Page 1035 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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primitivos,  con  sus  mandíbulas  caídas,  el


                  pelo sucio y revuelto y la postura inclinada


                  —algunos  incluso  corrían  arrastrando  las


                  manos por el suelo—, era muy desoladora.


                  De pronto llegamos al límite del bosque; salí


                  de  los  últimos  árboles  y  me  encontré


                  corriendo por un prado.



                  Tomé grandes bocanadas de aire y me volví


                  para  mirar  el  bosque  en  llamas.  El  humo


                  subía, formando una columna que llegaba al


                  cielo, oscureciendo las estrellas; y vi, en el


                  corazón  del  bosque,  enormes  llamas  —de


                  cientos  de  pies  de  alto—  que  se  erguían


                  como edificios.



                  Los  Morlocks  seguían  huyendo  del


                  resplandor, pero en menor número; los que


                  salían  del  bosque  estaban  desaliñados  y


                  heridos.


                  Di  la  vuelta,  y  caminé  a  través  de  hierba


                  larga  y  dura.  Al  principio  sentía  un  calor


                  intenso en la espalda; pero después de una


                  milla  se  había  reducido,  y  el  resplandor


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