Page 1037 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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estaba pálido como el de un fantasma y
tenía cortes sin curar en la cara, la chaqueta
llena de polvo y sucia, una cojera peor que
la de un vagabundo cansado y los pies
sangrantes envueltos en hierbas. Sentí
compasión —o quizá vergüenza— al verlo
así: ¿era realmente yo?, me pregunté. ¿Me
había mostrado de esa forma a mis amigos,
a mi regreso después de mi primera
aventura?
De nuevo sentí el impulso de ofrecerle
ayuda; pero sabía que no la necesitaba. Mi
otro yo dormiría su cansancio en el brillante
día y después, al llegar la noche, volvería a
la Esfinge Blanca para recuperar la Máquina
del Tiempo.
Finalmente —después de una última lucha
contra los Morlocks se iría, en un torbellino
atenuado.
Me quedé con Weena en el río, y la cuidé
mientras el sol trepaba por el cielo, y recé
para que despertase.
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