Page 1036 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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carmesí del incendio se convirtió en un
brillo más débil. Después de eso ya no
vimos más Morlocks.
Atravesé una colina, y en el valle tras ella
llegué a un lugar que había visitado antes.
Había acacias, varios dormitorios y una
estatua —incompleta y rota— que me había
recordado a un fauno. Caminé hacia el
interior del valle, y acunado en sus recodos
encontré un riachuelo que recordaba. Su
superficie, turbulenta y desigual, reflejaba la
luz de las estrellas. Me senté en la orilla y
dejé cuidadosamente a Weena en el suelo. El
agua era fría y corría rápida. Me arranqué
una tira de la camisa y la mojé en el agua;
con ella limpié la pobre cara de Weena, y
dejé caer algo de agua en su boca.
Así, con la cabeza de Weena acunada en mi
regazo, me senté durante el resto de la
Noche Negra.
Por la mañana lo vi salir del bosque
quemado en un estado deplorable. Su rostro
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