Page 18 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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PRÓLOGO





           El viernes después de mi regreso del futuro desperté


           a  primeras  horas  de  la  mañana.  Había  dormido


           profundamente sin soñar.


           Salí de la cama y descorrí las cortinas. El sol realizaba


           su habitual caminata lenta por el cielo y recordé que,



           desde el punto de vista acelerado de un viajero del


           tiempo,  el  sol  parecía  moverse  a  saltos  en  lo  alto.


           Ahora aparecía insertado en un tiempo denso, como


           un insecto atrapado en ámbar.


           Los  ruidos  de  una  mañana  de  Richmond  se


           arremolinaron alrededor de la ventana: el trote de los


           caballos, el ruido de la ruedas en el empedrado, los



           golpes  en  las  puertas.  Un  tranvía  de  vapor,


           expulsando  humo  y  chispas,  cruzó  torpemente


           Petersham  Road,  y  los  gritos  de  gaviota  de  los


           vendedores ambulantes flotaban en el aire. Sentí que


           mi mente se alejaba de mis extraordinarias aventuras


           en  el  tiempo  y  se  asentaba  de  nuevo  en  el  mundo


           común: repasé los artículos del último número de Pall


           Mall Gazette, el mercado de valores, y consideré con


           anticipación que el correo de la mañana me traería el



           último número del American Journal of Science, que


           incluiría  algunas  de  mis  especulaciones  sobre  los


           descubrimientos de A. Michelson y E. Morley, sobre






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