Page 22 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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soltería, esa tendencia nunca había puesto a nadie en


           una  situación  realmente  peligrosa  más  que  a  mí


           mismo,  pero  ahora,  en  mi  insensata  huida,  había


           abandonado  a  la  pobre  y  confiada  Weena  a  una


           muerte terrible en las sombras de la Noche Negra de


           los Morlocks.


           Tenía las manos manchadas de sangre, y no sólo de



           los  fluidos  de  aquellos  sucios  y  degradados


           subhombres: los Morlocks. Decidí compensar, como


           pudiese, el abominable trato que había dispensado a


           la pobre y confiada Weena.


           Hice que Mrs. Watchets me preparase el baño, y me


           sumergí en él. A pesar de mis prisas, me tome tiempo


           para  mimar  mis  pobres  y  maltratados  huesos;



           observé con interés las ampollas y rasguños de los


           pies y las pequeñas quemaduras que había sufrido en


           las manos.


           Me vestí con rapidez. Mrs. Watchets me preparó el


           desayuno. Disfruté con entusiasmo de los huevos, los


           champiñones  y  los  tomates,  pero  el  beicon  y  las


           salchichas no me agradaron; cuando mordí la carne,


           el jugo, salado y aceitoso, me asqueó.


           ¡No podía evitar recordar a los Morlocks, y la carne



           que  les  había  visto  consumir  en  sus  repugnantes


           comidas!  Mis  experiencias  no  habían  reducido  el


           placer  del  cordero  en  la  cena  de  la  noche  anterior,


           recordé,  pero  en  aquella  ocasión  mi  hambre  había


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