Page 23 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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sido mucho mayor. ¿Podría ser que ciertos traumas a
inquietudes, producto de mis desventuras,
estuviesen haciendo su efecto en mi mente?
Aun así, mi costumbre es tomar un desayuno
completo; creo que una buena dosis de peptona en las
arterias en las primeras horas del día es vital para el
correcto funcionamiento de la vigorosa máquina
humana. Y hoy podría ser el día más duro de toda mi
vida. Por tanto, dejé de lado mis preocupaciones y
acabé mi plato, masticando el beicon con
determinación.
Una vez terminado el desayuno, me vestí con un
práctico traje de verano. Creo haber dicho a mis
acompañantes de la noche anterior que era evidente
en el viaje en el tiempo que el invierno había
desaparecido del mundo. de 802.701—ya fuese por
evolución natural, planificación geogénica o por un
cambio en el propio Sol, no lo sabía—, por lo que no
necesitaba de abrigos o bufandas en el futuro. Me
cubrí con un sombrero, para evitar que el sol del
futuro alcanzase mi frente pálida inglesa, y calcé mi
par de botas más resistentes.
Cogí una mochila y recorrí la casa revolviendo
armarios y cajones en busca del equipo que pudiera
serme útil en mi segundo viaje al futuro, ¡para alarma
de la pobre y paciente Mrs. Watchets, que sin duda
hacía ya tiempo que había relegado mi cordura al
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