Page 20 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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buena narración, y la acompañaron con toques de
simpatía o semiburla, según el temperamento de
cada individuo. Recordaba un escepticismo casi
generalizado. Sólo un buen amigo, al que llamaré en
estas páginas el Escritor, parecía escuchar mis
divagaciones con cierto grado de comprensión y
confianza.
Me estiré frente a la ventana, y mis dudas sobre mis
recuerdos se derrumbaron. El dolor de la espalda era
muy real, agudo a insistente, así como la sensación de
quemadura en los músculos de piernas y brazos: las
protestas de los músculos de un hombre ya no joven
que habían sido obligados desacostumbradamente a
superarse a sí mismos.
«Bien —me dije—, si lo viaje al futuro fue sólo un
sueño (todo él, incluyendo aquella terrible noche en
que luchaste con los Morlocks en el bosque), ¿de
dónde han salido estos dolores y achaques? ¿Has
correteado por el jardín, quizás, en un rapto de locura
inspirado por la Luna?»
Y allí, amontonadas sin cuidado en una esquina de la
habitación, vi las ropas: las que había destrozado en
mi viaje al futuro, y que ahora sólo servían como
trapos. Podía ver las manchas de hierba y las
quemaduras; los bolsillos estaban rotos, y recordé
que Weena había usado las carteritas como vasos
improvisados para cargar con las descoloridas flores
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