Page 21 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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del futuro, antes de que la abandonase para sufrir
una suerte inimaginable. Sobre la alfombra estaban
los restos sucios y manchados de sangre de mis
calcetines.
En cierta forma fueron esos calcetines —¡esos
cómicos calcetines!— los que con su ruda existencia
me convencieron, más que nada, de que no había
enloquecido: que mi viaje al futuro no había sido un
sueño.
Vi con claridad que debía viajar de nuevo en el
tiempo; debía reunir pruebas de que el futuro era tan
real como el Richmond de 1891, para convencer a mi
círculo de amigos y a mis colegas de empresas
científicas, y para eliminar hasta la última de mis
dudas.
Y mientras adoptaba esa decisión, vi de pronto el
dulce y vacío rostro de Weena, con tanta claridad
como si ella misma estuviese frente a mí. La tristeza
y una punzada de culpa por mi impetuosidad me
rompieron el corazón. Weena, la mujer niña Eloi, me
había seguido hasta el Palacio de Porcelana Verde a
través de lo más profundo del bosque del distante
valle del Támesis del futuro, y la había perdido en la
confusión del incendio siguiente y el ataque de los
Morlocks. Siempre he sido un hombre que ha
actuado primero y luego ha dejado que su mente
racional evaluase la situación. Durante mi vida de
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