Page 461 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Así que seguimos. Resbalábamos sobre la
superficie de la carretera, cubierta de sangre
y excrementos. Pasamos al lado de un
muchacho, quejumbroso e indefenso, con
una pierna rota; a pesar de mi advertencia,
Moses y yo no pudimos resistirnos a sus
sollozos y gritos de ayuda, y lo levantarnos
de donde estaba, cerca del cuerpo de un le‐
chero, y lo sentamos contra una pared. Una
mujer salió de la multitud, vio el estado del
niño y se acercó a él; comenzó a limpiarle la
cara con un pañuelo.
—¿Es su madre? —me preguntó Moses.
—No lo sé. Yo...
La extraña voz líquida sonó a nuestras
espaldas, como una llamada de otro mundo.
—Vamos.
Continuamos, y finalmente llegamos a la
esquina de Queenʹs Gate con Terrace; y
vimos que aquél había sido el epicentro de
la explosión.
—Al menos no hay gas —dije.
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