Page 465 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Sufrimos  las  últimas  docenas  de  yardas


                  hasta  las  paredes  del  Imperial  College;  allí,


                  para              nuestra                desesperación,                       nos


                  encontramos  el  camino  bloqueado  por  un


                  soldado, enmascarado y armado. Aquel tipo


                  —robusto,                     pero              claramente                     sin


                  imaginación—  había  permanecido  en  su



                  puesto, mientras que los desagües de la calle


                  frente a él se llenaban de sangre. Abrió los


                  ojos, tras los protectores discos de cristal, al


                  ver a Nebogipfel.


                  No  me  reconoció  e,  inexorable,  no  nos


                  dejaba pasar sin la autorización adecuada.


                  Otro  silbido  atravesó  el  aire.  Todos  nos



                  encogimos —incluso el soldado se llevó el


                  arma al pecho como un escudo totémico—


                  pero,  esta  vez,  la  bomba  cayó  a  cierta


                  distancia de nosotros; hubo un resplandor,


                  un  golpe  de  cristales  y  un  temblor  en  el


                  suelo.










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