Page 567 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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pero  estaba  claro  que  el  bosque  era  como


                  una  gigantesca  máquina  diseñada  para


                  sobrevivir a la depredación de una tormenta


                  como  aquélla  mucho  mejor  que  las  torpes


                  edificaciones de los hombres.


                  Al aumentar la luz me arranqué un trozo de


                  tela del pantalón —no tenía camisa— y la



                  até sobre la cabeza de Nebogipfel, para pro‐


                  teger sus ojos desnudos. Ni se movió.


                  La lluvia cesó a mediodía, y consideré que


                  era  seguro  descender.  Llevé  a  Nebogipfel


                  hasta el suelo, y pudo caminar, pero me vi


                  obligado a guiarle de la mano, ya que estaba


                  ciego sin las gafas.



                  El día más allá de la jungla era brillante y


                  fresco; había una agradable brisa en el mar,


                  y nubes ligeras navegaban por un cielo casi


                  inglés.  Era  como  si  el  mundo  hubiese


                  renacido,  y  ya  no  quedase  nada  de  la


                  opresión de ayer.


                  Vacilé al acercarme a los restos del refugio.


                  Vi  fragmentos  —trozos  de  la  estructura


                                                                                                   567
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