Page 566 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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troncos;  la  tierra  estaba  húmeda  y  era


                  traicionera. Nebogipfel dejó de resistirse y


                  se quedó pasivo en mi hombro.


                  Finalmente  llegué  al  árbol  que  recordaba:


                  grueso y antiguo, y con ramas laterales bajas


                  que salían del tronco un poco por encima de


                  mi cabeza. Coloqué al Morlock en una de las



                  ramas, donde colgó como un abrigo mojado.


                  Luego —con algo de esfuerzo, porque ya no


                  estoy para esos trotes— me levanté del suelo


                  y  me  senté  en  una  de  las  ramas  con  la


                  espalda contra el tronco.


                  Y  allí  nos  quedamos  hasta  que  pasó  la


                  tormenta. Dejé descansar una mano sobre la



                  espalda  del  Morlock,  para  asegurarme  de


                  que no se caía o intentaba volver al refugio;


                  tuve que soportar una lámina de agua que


                  corría por el tronco, mi espalda y hombros.


                  Al llegar la aurora, el bosque se iluminó con


                  una  belleza  feérica.  Mirando  las  copas,  vi


                  que la lluvia caía por las hojas y se deslizaba


                  tronco abajo hasta el suelo; no soy botánico


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