Page 687 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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contribución fue mínima, excepto poner en
evidencia esa falta completa de
coordinación física que había convertido
mis días de escuela en un calvario. Stubbins
era de lejos el mejor de nosotros. Sólo tres de
los jugadores, incluyendo a Stubbins,
estaban sanos por completo, y uno de ésos
era yo, y me agoté por completo a los diez
minutos de empezar. ¡El resto era una
colección de heridas y —cómicos y
patéticos— miembros amputados o
artificiales! Pero pese a todo, al desarrollarse
el partido y empezar a surgir las risas y los
gritos de apoyo, me pareció que mis
compañeros eran poco más que niños;
castigados y perdidos, y ahora varados en
una época antigua. Pero aun así niños.
¿Qué especie es ésta, me pregunté, que daña
de tal forma a sus propios hijos?
Cuando acabó el partido, nos fuimos del
campo, riéndonos y agotados. Stubbins me
agradeció que me uniese a ellos.
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