Page 689 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Al pasar el tiempo se hizo evidente —quiero
decir, a ese nivel del espíritu por debajo del
intelecto donde reside el verdadero conoci‐
miento— que realmente jamás volveríamos
a casa. Lentamente —supongo que
inevitablemente— los lazos y relaciones del
siglo veinte se volvieron lejanos, y los
colonos se unieron en parejas. Esas parejas
no respetaban rango, clase o raza: los
cipayos, los gurkha y los ingleses formaban
nuevas relaciones. Sólo Hilary Bond, con ese
aire residual de mando, permaneció al
margen.
Le señalé a Hilary que podía emplear su
rango para realizar bodas, de la misma
forma que un capitán naval une a los
pasajeros en matrimonio. Agradeció
amablemente la sugerencia, pero detecté
escepticismo en su voz, y no discutimos más
la cuestión.
Una pequeña serie de viviendas se extendió
hasta el valle fluvial desde el núcleo en la
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