Page 789 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Volví con Nebogipfel, que todavía estaba de


                  pie frente al Constructor. El pellejo metálico


                  del  objeto  se  arrugaba  y  brillaba,  como  si


                  fuese la superficie de un estanque lleno de


                  peces  metálicos  que  nadaban  bajo  su


                  superficie, y luego una protuberancia —un



                  tubo  de  unas  pocas  pulgadas  de  ancho—


                  salió  de  la  piel,  brillando  con  la  misma


                  textura metálica que la pirámide, y se acercó


                  al ojo de Nebogipfel.


                  Lo reconocí, por supuesto; era el regreso del


                  dispositivo ocular que había visto antes. En


                  un  momento  se  encajaría  en  el  cráneo  de



                  Nebogipfel.


                  Caminé  alrededor  del  Constructor.  Como


                  ya he dicho, era en apariencia un montón de


                  escoria fundida; en cierta forma estaba ani‐


                  mado y era móvil, porque lo había visto, o a


                  otro  similar,  arrastrarse  sobre  mi  propio


                  cuerpo.






                                                                                                   789
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