Page 787 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
P. 787
cañón, y la tierra cubierta por el hielo era de
un blanco grisáceo como el de los huesos
descubiertos, sin rastro de los atractivos
tonos azules qué a veces se aprecian en los
campos nevados. Al mirar, pude ver cuán
terriblemente estable era realmente aquel
mundo, exactamente como lo había descrito
Nebogipfel: la luz del día se reflejaba feroz
sobre el manto de hielo agrietado que cubría
la tierra, y la blancura que cubría el mundo
devolvía el calor del Sol al espacio. La pobre
Tierra estaba muerta, atrapada en lo más
profundo de aquel pozo de hielo, una
estabilidad climática absoluta, eterna, la
estabilidad definitiva de la muerte.
Vi Constructores aquí y allá —con la misma
forma que el que teníamos en la habitación
de Nebogipfel— sobre el paisaje helado. Ca‐
da Constructor estaba siempre solo,
simplemente allí como un monumento
deforme, una mancha de gris acero frente al
787

