Page 788 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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blanco óseo del hielo. ¡Nunca los vi
moverse!
Era como si se limitasen a aparecer en el
lugar donde estaban, formándose, quizá,
del aire (después descubrí que esa
evaluación preliminar no estaba lejos de la
verdad).
La Tierra estaba muerta, pero había signos
de inteligencia. Más edificios grandes —
como el nuestro— moteaban el paisaje.
Tenían formas geométricas simples:
cilindros, conos y cubos. Desde mi punto de
vista privilegiado podía ver el sur y el oeste,
y desde mi atalaya podía contemplar los
grandes edificios esparcidos hasta
Battersea, Fulham, Mitcham y más allá. Por
lo que podía ver, estaban espaciados de
media a una milla de distancia; y todo el
conjunto —los campos de hielo, los
Constructores mudos, los edificios
anónimos y dispersos se conjuraba para
crear un Londres terrible e inhumano.
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