Page 790 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Pero  no  podía  imaginar  su  utilidad.  Al


                  examinarlo  más  de  cerca,  vi  que  su


                  superficie               estaba            cubierta             de         pelos


                  metálicos: cilios, como limaduras de hierro,


                  que  se  contoneaban  en  el  aire,  activos  e


                  inteligentes. Y tuve la sensación exasperante


                  y  dolorosa  de  que  había  más  niveles  de



                  detalle que escapaban a mi vista avejentada.


                  La  textura  de  la  superficie  móvil  era


                  simultáneamente  fascinante  y  repulsiva:


                  mecánica, pero con algo parecido a la vida.


                  No me tentaba tocarlo —no podía soportar


                  la  idea  de  que  aquellos  cilios  retorcidos


                  tocasen  mi  piel—  y  no  tenía  instrumentos



                  para investigar. Sin medios para realizar un


                  examen más profundo, no podía acometer


                  un  estudio  de  la  estructura  interna  de  la


                  pirámide.


                  Noté cierto grado de actividad en el borde


                  inferior  de  la  pirámide.  Al  agacharme,  vi


                  que  pequeñas  comunidades  de  cilios


                  metálicos —del tamaño de hormigas, o más


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