Page 884 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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—Creo —concluí con toda la dignidad que
pude reunir—, ¡que hay cosas que es mejor
callar! —Y acabé con la conversación.
El coche del tiempo terminado tenía un
diseño muy tosco: sólo una caja de metal,
abierta por arriba, sin pintar y no muy bien
acabada. Pero los controles estaban a mucha
distancia de los mecanismos limitados que
Nebogipfel había podido fabricar con los
materiales disponibles en el Paleoceno —
incluso había indicadores cronométricos,
aunque escritos a mano— y tendríamos
tanta libertad de movimiento en el tiempo
como con mi primera máquina.
Mientras trabajaba y se acercaba el día en
que habíamos decidido partir, mis temores
e incertidumbres aumentaban. Sabía que
jamás podría volver a casa, pero si me iba de
allí con Nebogipfel, al futuro o al pasado,
podría llegar a lugares tan extraños que no
podría sobrevivir ni en mente ni en cuerpo.
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