Page 885 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Podía, lo sabía, estar acercándome al fin de


                  mi vida; y un terror humano y tranquilo se


                  apoderó de mí.


                  Al final lo terminamos. Nebogipfel se sentó


                  en el asiento. Lo había cubierto con la tela


                  plateada  y  acolchada  del  Constructor.


                  Llevaba gafas nuevas. Se parecía un poco a



                  un  niño  pequeño  preparado  para  el


                  invierno, al menos hasta que apreciabas el


                  pelo que le caía por la cara, y la luminosidad


                  de los ojos tras las gafas azules que llevaba.


                  Me senté a su lado, y comprobé por última


                  vez el contenido del coche.


                  ¡En  ese  momento  —en  un  sorprendente



                  segundo mientras estábamos sentados en el


                  coche—  las  paredes  del  apartamento  se


                  hicieron,  en  silencio,  de  vidrio!  A  nuestro


                  alrededor,  visibles  a  través  de  las  paredes


                  trasparentes  de  la  habitación,  las  terribles


                  planicies de la Tierra Blanca se extendían en


                  la distancia, teñidas de rojo por la puesta de


                  sol.  Los  cilios  del  Constructor  —una  vez


                                                                                                   885
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