Page 982 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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y firmes, en las manos, y sentí una punzada


                  de sudor en la frente. Era un poco, supongo,


                  como  recuperarse  de  la  inconsciencia  del


                  cloroformo; lenta y sutilmente volvía a ser


                  yo.  Y  entonces  sentí  un  balanceo  y  la


                  sensación de vértigo del viaje en el tiempo.


                  Más  allá  de  la  Máquina  del  Tiempo  sólo



                  había oscuridad —no podía distinguir nada


                  del mundo—, pero podía sentir, porque sus


                  bandazos  se  reducían,  que  la  máquina  se


                  detenía.  Miré  a  mi  alrededor  —recibí  la


                  recompensa del peso de un cráneo cargado


                  sobre  el  tallo  del  cuello;  después  de  mi


                  estado  incorpóreo  parecía  como  si  girase



                  una  pieza  de  artillería—,  pero  sólo


                  quedaban trazos de la Historia óptima: un


                  cúmulo de galaxias allí, y allá un fragmento


                  de luz estelar. En los últimos instantes, antes


                  de que se cercenase definitivamente mi lazo


                  intangible, vi de nuevo el rostro redondo y


                  solemne del Observador, con sus enormes


                  ojos pensativos.


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