Page 985 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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completamente pegado a la carne pálida.
Tenía los enormes ojos rojo grisáceo fijos en
mí.
—¿Nebogipfel...?
Y entonces un circuito se cerró en mi cerebro
desconcertado.
Me volví y examiné una vez más la silueta
del edificio. Allí estaba el balcón de hierro,
allá la cocina del comedor con una pequeña
ventana entreabierta, y la forma del
laboratorio...
Era mi hogar; la máquina me había
depositado en el jardín inclinado de la parte
de atrás, entre la casa y el Támesis. Había
vuelto —¡después de todo!— a Richmond.
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SE CIERRA UN CÍRCULO
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