Page 989 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Dentro de la casa oí una puerta que se abría,


                  un grito suave —«¡Ya voy! »— y luego pasos


                  pesados  e  impacientes  en  la  escalera.  Una


                  llave  sonó  en  la  cerradura,  y  la  puerta  se


                  abrió con un crujido.


                  Una vela, sostenida sobre un candelabro de


                  bronce,  se  lanzó  contra  mí  a  través  de  la



                  puerta; el rostro de un hombre joven, ancho


                  y  redondo,  salió  fuera,  con  los  ojos  recién


                  abiertos.  Tenía  veintitrés  o  veinticuatro


                  años,  y  llevaba  una  bata  vieja  y


                  deshilachada sobre un camisón arrugado; el


                  cabello, de un marrón ratonil, le sobresalía a


                  los lados de su cabeza ancha.



                  —¿Sí? —me soltó—. Son más de las tres de


                  la mañana, ¿sabe...?


                  No sabía con seguridad lo que iba a decirle,


                  pero  ahora  que  el  momento  había  llegado


                  las palabras se me escaparon por completo.


                  Una  vez  más  sufrí  el  extraño  e  incómodo


                  impacto del reconocimiento. No creo que un


                  hombre  de  mi  siglo  se  hubiese  podido


                                                                                                   989
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