Page 130 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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incremento en el nivel de ruido —un balbuceo de
gargantas líquidas— y un aumento acusado del
olor a Morlock, dulzón y mustio. Nebogipfel hizo
que nos detuviéramos en el borde de aquel
espacio.
Con mis gafas podía ver que la superficie del área
estaba viva —se movía—, con las formas
retorcidas, lloriqueantes y tambaleantes de bebés.
Había miles de infantes Morlock, agarrándose con
las pequeñas manos y pies al pelo suelto de los
otros. Se revolcaban, como monos jóvenes, y
utilizaban versiones infantiles de las divisiones
informativas que ya he descrito, o se metían
comida en las bocas oscuras; aquí y allá se
paseaban adultos por entre la multitud,
levantando a los que se habían caído, resolviendo
una disputa o calmando unos llantos.
Contemplé perplejo aquel mar de niños. Quizás
una colección de niños humanos pudiese atraer a
alguien —no a mí, que soy un soltero perpetuo—,
pero aquellos eran Morlocks... Deben recordar que un
Morlock no es un ente atractivo para la
sensibilidad humana, incluso de niño, con sus
carnes con la palidez de un gusano, su frialdad al
tacto y el aspecto de tela de araña de su pelo. ¡Si
piensan en una gigantesca mesa cubierta de
gusanos retorcidos, podrán tener una idea de mi
impresión!
Me volví a Nebogipfel.
—Pero ¿dónde están sus padres?
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