Page 16 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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PRÓLOGO





            El  viernes  después  de  mi  regreso  del  futuro

            desperté  a  primeras  horas  de  la  mañana.  Había


            dormido profundamente sin soñar.


            Salí  de  la  cama  y  descorrí  las  cortinas.  El  sol


            realizaba su habitual caminata lenta por el cielo y

            recordé que, desde el punto de vista acelerado de


            un  viajero  del  tiempo,  el  sol  parecía  moverse  a


            saltos  en  lo  alto.  Ahora  aparecía  insertado  en  un

            tiempo  denso,  como  un  insecto  atrapado  en


            ámbar.


            Los  ruidos  de  una  mañana  de  Richmond  se


            arremolinaron alrededor de la ventana: el trote de

            los  caballos,  el  ruido  de  la  ruedas  en  el


            empedrado, los golpes en las puertas. Un tranvía


            de  vapor,  expulsando  humo  y  chispas,  cruzó

            torpemente  Petersham  Road,  y  los  gritos  de


            gaviota de los vendedores ambulantes flotaban en


            el  aire.  Sentí  que  mi  mente  se  alejaba  de  mis


            extraordinarias  aventuras  en  el  tiempo  y  se

            asentaba de nuevo en el mundo común: repasé los


            artículos del último número de Pall Mall Gazette, el


            mercado de valores, y consideré con anticipación

            que  el  correo  de  la  mañana  me  traería  el  último


            número  del  American  Journal  of  Science,  que


            incluiría  algunas  de  mis  especulaciones  sobre  los


            descubrimientos  de  A.  Michelson  y  E.  Morley,

            sobre  ciertas  características  de  la  luz,  que  habían








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