Page 18 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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cada  individuo.  Recordaba  un  escepticismo  casi


            generalizado. Sólo un buen amigo, al que llamaré


            en estas páginas el Escritor, parecía escuchar mis

            divagaciones  con  cierto  grado  de  comprensión  y


            confianza.


            Me  estiré  frente  a  la  ventana,  y  mis  dudas  sobre


            mis  recuerdos  se  derrumbaron.  El  dolor  de  la

            espalda era muy real, agudo a insistente, así como


            la  sensación  de  quemadura  en  los  músculos  de


            piernas y brazos: las protestas de los músculos de

            un hombre ya no joven que habían sido obligados


            desacostumbradamente a superarse a sí mismos.


            «Bien —me dije—, si lo viaje al futuro fue sólo un


            sueño  (todo  él,  incluyendo  aquella  terrible  noche

            en  que  luchaste  con  los  Morlocks  en  el  bosque),


            ¿de  dónde  han  salido  estos  dolores  y  achaques?


            ¿Has correteado por el jardín, quizás, en un rapto

            de locura inspirado por la Luna?»


            Y allí, amontonadas sin cuidado en una esquina de


            la  habitación,  vi  las  ropas:  las  que  había


            destrozado en mi viaje al futuro, y que ahora sólo

            servían  como  trapos.  Podía  ver  las  manchas  de


            hierba  y  las  quemaduras;  los  bolsillos  estaban


            rotos,  y  recordé  que  Weena  había  usado  las

            carteritas  como  vasos  improvisados  para  cargar


            con las descoloridas flores del futuro, antes de que


            la abandonase para sufrir una suerte inimaginable.


            Sobre  la  alfombra  estaban  los  restos  sucios  y

            manchados de sangre de mis calcetines.








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