Page 17 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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aparecido en esa misma revista cuatro años antes,
en 1887...
¡Y así todo! Los detalles de la vida diaria se
agolpaban en mi cabeza, y en contraste los
recuerdos de mi aventura en el futuro parecían
casi fantásticos, incluso absurdos. Ahora que
pienso en ello, me parecía que toda la experiencia
tenía algo de alucinación, como un sueño: hubo
una sensación de caída, la desorientación de todo
lo relacionado con el viaje en el tiempo, y mi
última incursión en el mundo dantesco de 802.701.
El control de lo ordinario sobre nuestra
imaginación es sorprendente. De pie, en pijama,
algo de la incertidumbre que finalmente me había
asaltado la noche anterior regresó, ¡y comencé a
dudar de la misma existencia de la Máquina del
Tiempo!, a pesar de tener recuerdos perfectos de
los dos años que había pasado inmerso en los
detalles de su construcción, sin mencionar las dos
décadas anteriores, en las que desarrollé la teoría
del viaje en el tiempo a partir de las anomalías que
había observado en mis estudios de óptica.
Repasé mentalmente la conversación que había
mantenido con mis acompañantes en la cena de la
noche anterior —de alguna forma esas escasas
horas me resultaban más claras que todos mis días
en el mundo del futuro— y recordé sus variadas
respuestas a mi relato: todos disfrutaron de una
buena narración, y la acompañaron con toques de
simpatía o semiburla, según el temperamento de
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