Page 21 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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duro de toda mi vida. Por tanto, dejé de lado mis
preocupaciones y acabé mi plato, masticando el
beicon con determinación.
Una vez terminado el desayuno, me vestí con un
práctico traje de verano. Creo haber dicho a mis
acompañantes de la noche anterior que era
evidente en el viaje en el tiempo que el invierno
había desaparecido del mundo. de 802.701—ya
fuese por evolución natural, planificación
geogénica o por un cambio en el propio Sol, no lo
sabía—, por lo que no necesitaba de abrigos o
bufandas en el futuro. Me cubrí con un sombrero,
para evitar que el sol del futuro alcanzase mi
frente pálida inglesa, y calcé mi par de botas más
resistentes.
Cogí una mochila y recorrí la casa revolviendo
armarios y cajones en busca del equipo que
pudiera serme útil en mi segundo viaje al futuro,
¡para alarma de la pobre y paciente Mrs. Watchets,
que sin duda hacía ya tiempo que había relegado
mi cordura al reino de lo mitológico! Como suele
pasar, me moría por partir, pero también estaba
decidido a no ser tan impetuoso como la primera
vez, cuando había recorrido ocho mil siglos sin
más protección que un par de zapatos y una caja
de cerillas.
Llené la mochila con todas las cerillas que pude
encontrar en la casa, y de hecho envié a Hillyer al
estanco a comprar más cajas. Empaqueté alcanfor,
velas y, por instinto, un trozo de guita, en caso de
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