Page 20 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Tenía las manos manchadas de sangre, y no sólo
de los fluidos de aquellos sucios y degradados
subhombres: los Morlocks. Decidí compensar,
como pudiese, el abominable trato que había
dispensado a la pobre y confiada Weena.
Hice que Mrs. Watchets me preparase el baño, y
me sumergí en él. A pesar de mis prisas, me tome
tiempo para mimar mis pobres y maltratados
huesos; observé con interés las ampollas y
rasguños de los pies y las pequeñas quemaduras
que había sufrido en las manos.
Me vestí con rapidez. Mrs. Watchets me preparó el
desayuno. Disfruté con entusiasmo de los huevos,
los champiñones y los tomates, pero el beicon y las
salchichas no me agradaron; cuando mordí la
carne, el jugo, salado y aceitoso, me asqueó.
¡No podía evitar recordar a los Morlocks, y la
carne que les había visto consumir en sus
repugnantes comidas! Mis experiencias no habían
reducido el placer del cordero en la cena de la
noche anterior, recordé, pero en aquella ocasión
mi hambre había sido mucho mayor. ¿Podría ser
que ciertos traumas a inquietudes, producto de
mis desventuras, estuviesen haciendo su efecto en
mi mente?
Aun así, mi costumbre es tomar un desayuno
completo; creo que una buena dosis de peptona en
las arterias en las primeras horas del día es vital
para el correcto funcionamiento de la vigorosa
máquina humana. Y hoy podría ser el día más
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