Page 219 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Nuestro  anfitrión  se  reunió  con  nosotros;


                  traía,  con  torpeza,  tres  copas  de  brandy,  y


                  una  jarra.  Nos  sirvió  generosamente,  y  el

                  líquido brilló bajo la luz de las velas.


                  —Tomen  —dijo—.  ¿Tienen  frío?  ¿Quieren


                  que encienda el fuego?


                  —No —dije—,gracias.

                  Levanté el brandy, lo olí y lo dejé correr por


                  la lengua.


                  Nebogipfel  no  cogió  su  vaso.  Metió  uno  de

                  sus  pálidos  dedos  en  el  líquido,  lo  sacó  y


                  probó  una  gota.  Pareció  temblar.  Entonces,


                  delicadamente,  apartó  el  vaso,  ¡como  si


                  estuviese  lleno  hasta  el  borde  del  más

                  repugnante de los licores!


                  Mi  anfitrión  lo  observó  con  curiosidad.


                  Entonces, con esfuerzo, se volvió hacia mí.

                  —Estoy  en  desventaja.  No  le  conozco.  Pero


                  parece que usted sí me conoce a mí.


                  —Sí.  —Sonreí—.  Pero  no  sé  exactamente


                  cómo llamarle.

                  Frunció el ceño incómodo.


                  —No veo por qué eso sería un problema, mi


                  nombre es...

                  Levanté  la  mano;  había  tenido  una


                  inspiración.


                  —No. Utilizaré, si me lo permite, Moses.


                  Tomó un largo sorbo de brandy, y me miró

                  con rabia sincera en los ojos.


                  —¿Cómo sabe eso?



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