Page 560 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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A  veces  es  difícil  dormir.  Sufres  ahora,  no


                  entonces,  y  eso  es  lo  trágico  para  los  que


                  sobreviven. Sientes que no puedes olvidar y

                  que  está  mal  que  sigas  viviendo.  Si  rompes


                  con  los  que  hemos  muerto  /  No  dormiremos,


                  aunque  crezcan  las  amapolas  /  En  el  campo  de


                  Flanders...

                  Me acerqué más y ella se recostó en mí, una


                  criatura frágil y herida.


                  En el último momento susurré:

                  —¿Por qué, Hilary? ¿Por qué ahora?


                  —La            diversidad                  genética              —dijo;             su


                  respiración  se  hacía  menos  profunda—.


                  Diversidad genética...

                  Y  pronto  viajamos  —no  al  fin  de  los


                  tiempos—  sino  a  los  límites  de  nuestra


                  humanidad, al lado del mar primigenio.




                  Cuando  desperté,  todavía  era  de  noche  y


                  Hilary se había ido.




                  Llegué  a nuestro  viejo  campamento a plena


                  luz  del  día.  Nebogipfel  apenas  me  miró


                  cuando entré; evidentemente estaba tan poco

                  sorprendido  por  mi  decisión  como  lo  había


                  estado Hilary.


                  El coche del tiempo estaba completo. Era una


                  caja  de  cinco  pies  cuadrados,  y  a  su

                  alrededor vi fragmentos de un metal que me


                  era         desconocido:                   trozos,            supuse,             del



                                                                                                     560
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