Page 564 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Entonces, inesperadamente, el bosque murió
y desapareció. Era como si hubiesen retirado
del suelo la manta de vegetación. Pero la
tierra no estaba desnuda; tan pronto como
desapareció el bosque, una confusión de
marrones y grises cuadriculados —los
edificios de Primer Londres en expansión—
cubrió el paisaje. Los edificios fluían sobre
las colinas desnudas hasta el mar, para
convertirse allí en muelles y puertos. Las
construcciones individuales se estremecían y
morían, casi demasiado rápido para que
pudiésemos seguirlas, aunque una o dos
persistieron, lo suficiente —supongo que
varios siglos para hacerse casi opacas, como
modelos toscos. El mar perdió su color azul y
mutó a una capa de gris sucio, con las olas
difusas por nuestro viaje; el aire parecía estar
teñido de marrón, como la niebla del
Londres de 1891, lo que daba a la escena un
brillo crepuscular sucio, y el aire parecía más
cálido.
Era sorprendente que a medida que los
siglos quedaban atrás, sin que importase el
destino de los edificios individuales, la forma
general de la ciudad seguía siendo la misma.
Podía ver la banda del río central —el proto‐
Támesis— y las cicatrices de las rutas
principales permanecían, en su aspecto
esencial, inalteradas por el tiempo; era una
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