Page 562 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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tan  fuerte,  pensaba,  como  el  instinto  que


                  obliga  a  un  salmón  a  volver  a  su  lugar  de


                  nacimiento.  Pero  sabía,  como  había  dicho

                  Nebogipfel,  que  mi  1891,  aquel  mundo


                  cómodo de Richmond Hill, se había perdido


                  en la multiplicidad truncada.


                  Bien:  si  no  podía  volver  a  casa,  decidí,

                  seguiría  adelante.  ¡Seguiría  la  ruta  de  los


                  cambios hasta que no pudiese continuar más


                  adelante!

                  Nebogipfel me miró.


                  —¿Estás listo?


                  Pensé en Hilary. Pero no soy un hombre que


                  tarde en despedirse.

                  —Estoy listo.


                  Nebogipfel  subió  también,  primero  con  la


                  pierna  herida.  Sin  ceremonia,  se  acercó  al

                  panel y pulsó el interruptor azul.













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                                         LUCES EN EL CIELO





                  Lo  último  que  vi  fueron  dos  personas  —


                  hombre  y  mujer,  desnudos—  que  parecían

                  precipitarse  por  la  playa.  Una  sombra  cayó


                  brevemente sobre el coche, quizá producida



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