Page 636 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Nebogipfel me describió aquel tipo nuevo de
yate espacial. Se construía en el espacio, dijo,
ya que era demasiado frágil para levantarlo
desde la Tierra.
La vela consistía, esencialmente, en un
espejo; y el «viento» que la llenaba era luz:
porque las partículas de luz que caen sobre
la superficie especular producen una fuerza
impulsiva, de la misma forma que las
moléculas de aire que forman la brisa.
—El «viento» proviene de rayos de luz
coherente, generados por proyectores
terrestres tan anchos como una ciudad —
dijo—. Son esos rayos los que has visto como
«hilos» que unen el planeta a la vela. La
presión de la luz es pequeña pero insistente,
y es extraordinariamente eficiente en la
transferencia de momento, especialmente
cuando se acerca uno a la velocidad de la luz.
Él suponía que los Constructores no viajarían
en tales naves como entidades discretas,
como lo habían hecho los pasajeros de los
grandes barcos de mi época. En. su lugar, los
Constructores se desmontarían y dejarían
que sus componentes corriesen por la nave y
se uniesen a ella. Al llegar al destino, se
reemsamblarían como Constructores in‐
dividuales, en la forma más eficiente para los
mundos que encontrasen allí.
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