Page 751 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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durante el ataque alemán sobre Londres en
1938!
El ensamblaje de la visión continuó deprisa.
La barras de cobre brillaban, vi que había
algo de polvo en las esferas de los
indicadores cronométricos y que las agujas
giraban. Reconocí el brillo verde de la
plattnerita que impregnaba el cuarzo dopado
que formaba la estructura inferior. Miré
abajo y distinguí dos cilindros anchos,
gordos y oscuros: ¡eran mis piernas, vestidas
con el equipo de jungla!, y aquellos objetos
pálidos, peludos y complejos debían de ser
mis manos, que descansaban sobre las
palancas de control de la máquina.
Y ahora, finalmente, comprendí el sentido de
la «caverna» alrededor de mi campo visual.
Era el borde de mis ojos, nariz y mejillas en
mi campo visual: una vez más miraba desde
la más oscura de las cavernas, mi propio
cráneo.
Sentí como si me colocasen en mi cuerpo.
Dedos y piernas se conectaron por sí solos a
mi conciencia. Podía sentir la palancas, frías
y firmes, en las manos, y sentí una punzada
de sudor en la frente. Era un poco, supongo,
como recuperarse de la inconsciencia del
cloroformo; lenta y sutilmente volvía a ser
yo. Y entonces sentí un balanceo y la
sensación de vértigo del viaje en el tiempo.
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