Page 778 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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tristeza se había tornado en una pálida
sombra de sí misma; Weena se había
convertido en la memoria de un sueño, en
algo irreal.
Bien, ahora estaba allí una vez más,
recorriendo los campos familiares, y toda la
tristeza primitiva regresó —como si nunca se
hubiese ido e impulsaba mis pasos.
Mientras caminaba sentí mucha hambre. Me
di cuenta de que no recordaba la última vez
que había comido —debió de ser antes de
que Nebogipfel y yo partiésemos de la Tierra
Blanca—, aunque, especulaba, mejor sería
decir que aquel cuerpo no había comido, si
había sido reconstruido por los
Observadores como daba a entender
Nebogipfel. Bien, a pesar de las precisiones
filosóficas, el hambre hacía resonar mis
tripas y el calor empezaba a hacer mella en
mí. Pasé cerca de un salón comedor —un
gran edificio gris de piedra tallada —y me
desvié de mi ruta.
Entré por un portal tallado, con su
ornamentación muy maltratada por el
tiempo y destrozada. En su interior encontré
una única cámara grande cuyo suelo estaba
formado por los bloques del metal duro y
blanco que había visto antes, marcado por
los suaves pies de innumerables
generaciones de Elois. Planchas de piedra
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