Page 774 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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brillo del agua aquí y allá, que me eran
familiares de mis primeras exploraciones. Y
era en aquella dirección —quizás a una
distancia de dieciocho o veinte millas—
donde se encontraba el Palacio de Porcelana
Verde. Mirando en aquella dirección creí
distinguir la punta de los pináculos de la
estructura; pero mis ojos no son lo que eran y
no estaba seguro.
Había ido hasta el Palacio, con Weena, en
busca de armas y otras provisiones con las
que luchar contra los Morlocks. De hecho, ¡si
recordaba bien, yo —mi primer yo— debía
de estar recorriendo en ese preciso momento
el interior de las pulidas paredes verdes!
A unas diez millas se interponía una barrera
entre el Palacio y yo: un nudo de bosque
negro. Incluso bajo la luz del día, formaba
una mancha obscura y siniestra de al menos
una milla de ancho. Llevando a Weena,
seguro que había atravesado aquel bosque la
primera vez, porque habíamos esperado la
luz del día para recorrerlo; pero la segunda
vez, en nuestro regreso del Palacio (¡esa
misma noche!) dejaría que mi impaciencia y
fatiga me obnubilasen. Decidido a volver a la
Esfinge lo antes posible, y ponerme a trabajar
para recuperar la máquina, me introduciría
en el bosque en la obscuridad —y me dormi‐
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