Page 779 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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pulida formaban las mesas, y había
montones de fruta; y alrededor de las mesas
había pequeños grupos de Elois, con sus
hermosas túnicas, comiendo y molestándose
unos a otros como pájaros enjaulados.
Me quedé de pie con mi digno equipo de
jungla. Aquella reliquia del Paleoceno estaba
bastante fuera de lugar en medio de aquella
belleza iluminada por el sol, ¡y consideré que
los Observadores podrían haberme vestido
de forma más elegante! Un grupo de Elois se
acercó a mí y se apretujaron a mi alrededor.
Sentí las pequeñas manos sobre mí, como
tentáculos suaves, tirando de mi camisa. Las
caras tenían las bocas pequeñas, las barbillas
marcadas y las pequeñas orejas ca‐
racterísticas de su raza, pero parecía que eran
un conjunto distinto de aquellos que había
encontrado cerca de la esfinge; aquellos
pequeños seres no tenían una gran memoria
y por tanto no tenían miedo de mí.
Había vuelto para rescatar a uno de ellos, no
para cometer los actos bárbaros que habían
desfigurado mi anterior visita; así que me
rendí a su inspección con buen humor y
manos abiertas.
Me dirigí a las mesas, seguido por una
pequeña manada de Elois. Encontré un
montón de fresas hipertrofiadas y me las
metí en la boca; y no tardé mucho en
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