Page 103 - Las Naves Del Tiempo - Stephen Baxter
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Con alegría, teñida de no poco miedo, recogí la
chaqueta del suelo lleno de estrellas.
Acompañado de Nebogipfel, entré en la oscuridad
que me había rodeado durante tantos días. El cono
de luz quedó atrás. Eché una mirada al punto de
luz que había sido mi inhóspito hogar, con sus
bandejas desordenadas, su montón de mantas, y la
silla, ¡quizá la única silla de aquel mundo! No diré
que sentí nostalgia al alejarme, ya que me había
sentido atemorizado y deprimido durante mi
estancia en aquella Prisión de Luz, pero me
pregunté ciertamente si la volvería a ver.
Bajo nuestros pies, las eternas estrellas se
balanceaban como un millón de linternas chinas,
sostenidas por la corriente de un río invisible.
Mientras caminábamos, Nebogipfel me dio unas
gafas azules como las que él llevaba. Las cogí, pero
protesté:
—¿Para qué las necesito? La luz no me
deslumbra...
—No son para la luz. Son para la oscuridad.
Póngaselas.
Me coloqué las gafas sobre la cara. Estaban hechas
de una sustancia flexible con dos aros, que
rodeaban el vidrio azul de las gafas propiamente
dichas; cuando me las puse, los aros se ajustaron
perfectamente alrededor de mi cabeza,
manteniéndolas en esa posición.
Giré la cabeza. No lo veía todo azul, a pesar de la
coloración de las gafas. El cono de luz parecía tan
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